lunes, mayo 04, 2009

DOBLAN POR TI


ROBERT HALE MERRIMAN (n. ?, 1908 – m. Corbera, 1938)

Hijo de un leñador, Robert Merriman tuvo que hacer toda clase de trabajos, desde vaquero hasta albañil, para conseguir licenciarse en economía por la Universidad de Nevada. En 1933 se trasladó a Berkeley para estudiar un postgrado en la Universidad de California junto a su mujer Marion, con la que se había casado el mismo día de su licenciatura. En Berkeley el matrimonio Merriman perteneció a varios movimientos izquierdistas americanos.
En 1935 dejó su empleo como profesor en California para viajar por Europa primero y finalmente a la URSS, donde quería estudiar el nuevo sistema económico que había surgido de la revolución. En la URSS aprendió ruso mientras su mujer trabajaba como periodista. En 1936, durante unas vacaciones en Viena, tuvo la oportunidad de conocer el nazismo, lo que parece que le influyó a la hora de alistarse en las Brigadas Internacionales al estallar la guerra civil española, como muchos otros intelectuales de todo el mundo.
A principios de 1937, mientras su esposa permanecía en la URSS, Merriman llegó a España para ser instructor en la base que los internacionales tenían en Albacete, dado que tenía experiencia militar por haber pertenecido al cuerpo de entrenamiento de oficiales de la reserva (ROTC) durante sus estudios, más que nada porque pagaban un sueldo.
En febrero de 1937 participó como comandante del Batallón Abraham Lincoln, formado por americanos, de la XV Brigada Internacional en la batalla del Jarama. La XV Brigada se había formado casi en su totalidad con internacionales procedentes de países anglosajones. En el Jarama estuvo a punto de ser fusilado por sus mandos al negarse por dos veces a intentar tomar el cerro del Pingarrón, luego llamado del suicidio. Finalmente, en sendos ataques, el Batallón Lincoln perdió unos 340 de sus 400 hombres, y el mismo Merriman resultó herido en el hombro. Hay que tener en cuenta que la del Jarama fue una de las batallas más cruentas de la guerra. Pese a ello, algunos de sus hombres relatarían después que el desastre se había debido más a su incompetencia y la de otros oficiales que a otra cosa, llegando a apodarle “Murderman”.
Al saber que su marido había sido herido, Marion Merriman viajó también a España, donde llegaría a ser un miembro más de la XV Brigada Internacional, en la que ocupó los más diversos papeles, desde enfermera a secretaria del Estado Mayor, y donde llegó a obtener la graduación de cabo.
En julio de 1937, tras pasar su convalecencia haciendo trabajos de oficina para la Brigada, Merriman estuvo de nuevo al mando del Batallón Lincoln, que había tenido que ser completado con elementos de otros batallones por su altísimo número de bajas, en la batalla de Brunete. Hay que tener en cuenta que las Brigadas Internacionales eran las unidades de choque del Ejército Popular de la República. En Brunete solo sobrevivieron unos 1000 hombres de los 2500 que formaban la XV Brigada al principio de la batalla.
En agosto de 1937 participó en la batalla de Belchite como jefe del Estado Mayor de la XV Brigada. En octubre, Marion viajó a los EEUU, donde participaría en múltiples actos para obtener fondos para la República.
Finalmente, en 1938 Robert Merriman era ya comandante de la XV Brigada cuando desapareció en la desastrosa retirada de Aragón. Se cree que murió junto con algunos de sus hombres en una emboscada en algún lugar cerca de Corbera, aunque su muerte nunca fue confirmada, y su mujer pasó muchos años moviendo los hilos de la diplomacia internacional en la creencia de que seguía vivo y prisionero del régimen de Franco. Al morir el dictador Marion viajó a nuestro país finalmente, aunque no pudo encontrar ninguna acreditación de la muerte de su marido.
Por todo ello, Merriman ha pasado a la historia como uno de los intelectuales que acudieron a nuestro país en nombre de la libertad y contra el fascismo. Un ejemplo de abnegación y de romanticismo al que algunos en su país comparan con el mismísimo Lord Byron, y que ya en vida causó la admiración de otros intelectuales como el mismo Hemingway quien, al parecer, utilizó la figura de Merriman como prototipo para su Robert Jordan, protagonista de “Por quién doblan las campanas”.

martes, febrero 17, 2009

HACIA LAS ESTRELLAS


RODGER WILTON YOUNG (n. Tiffin, 1918 – m. Nueva Georgia, 1943)

A veces uno encuentra personajes navegando por la red de los que está seguro que ha oído hablar en alguna parte, y sin embargo no es capaz de ubicarlos perdido en la maraña de información que llega constantemente a través del monitor. Eso es más o menos lo que me sucedió con Rodger Young. Estaba seguro de que ese nombre lo había oido en algún lugar y, sin embargo, se trataba de un soldado americano de la segunda guerra mundial al que probablemente conocerían en su pueblo de Ohio y poco más.
Rodger Wilton Young nació en el seno de una familia de clase media de Ohio que ya tenía otros cuatro vástagos. Desde su nacimiento Young fue un niño pequeño y enfermizo con problemas cardíacos pero al parecer con una gran voluntad. Gran aficionado a la música, la caza y los deportes desde niño, logró jugar pese a su pequeño tamaño en el equipo de baloncesto del instituto. Y jugando al deporte de la canasta sufrió un accidente en el que se golpeó la cabeza con tan mala fortuna que empezó a perder progresivamente oído y visión, por lo que tuvo que dejar los estudios.
En 1939 se alistó en el 148º Regimiento de la Guardia Nacional de Ohio más por tener un trabajo fijo que porque le gustara la vida militar. Tras el ataque a Pearl Harbor, su regimiento pasó a formar parte de la 37ª División de infantería del ejército de los Estados Unidos y parece que a Young no le iba tan mal, porque en 1942 fue ascendido a sargento, pasando a ser, según dicen, el sargento más pequeño del ejército.
En febrero de 1943 la 37ª División fue enviada primero a Fiji y luego a Guadalcanal en las islas Salomón, que había sido recientemente conquistada por los aliados. En Guadalcanal Rodger Young sirvió como sargento instructor hasta que en julio su unidad fue enviada al frente en la isla de Nueva Georgia.
Temiendo no estar a la altura por sus crecientes problemas de audición y ser la causa de la muerte de alguno de sus hombres en combate, Young solicitó ser degradado a soldado raso y continuó con su unidad pese a que los médicos le dijeron que estaba prácticamente sordo y que lo mejor era que le ingresaran en un hospital.
Poco después la unidad de Young se vio envuelta en los combates por el aeródromo de Munda, el principal objetivo en la isla.
El 31 de julio de 1943 su pelotón avanzaba por la selva cuando fue alcanzado por el fuego de un nido de ametralladoras situado en una posición elevada. En las primeras ráfagas cuatro hombres del pelotón cayeron muertos, y el resto quedó en una posición precaria a merced del fuego japonés. Cuando el sargento al mando ordenó la retirada, se dieron cuenta de que iba a ser muy difícil salir con vida de aquella situación.
En aquel momento el soldado Young empezó a arrastrarse hacia el nido de ametralladoras japonés pese a los gritos de su sargento para que volviera. Tras gritarle que no oía nada, se arrastró durante unos metros más hasta que fue alcanzado por una ráfaga de ametralladora en el pecho, pese a lo cual continuó tratando de acercarse al enemigo ahora cubierto por el fuego del resto del pelotón. En unos instantes una segunda ráfaga le destrozó el lado izquierdo del cuerpo y le hizo soltar el fusil. Sus compañeros pensaron que había muerto. Sin embargo, poco después lograba ponerse de pie a duras penas y lanzar una granada de mano casi al mismo tiempo que otra ráfaga acababa finalmente con su vida. La explosión de la granada acabó con el nido de ametralladoras, y el pelotón volvió a su base portando los cuerpos de sus cinco camaradas muertos.

Por esta acción, a Rodger Young se le concedió la Medalla de Honor del Congreso y de hecho parece que su gesta es bastante conocida en los Estados Unidos donde, entre otras cosas, dio nombre a un parque en Ohio, una residencia de veteranos en California y una balada que canta su heroismo.

Con todo, la verdad es que si el nombre de Rodger Young se conoce universalmente es porque fue el elegido para denominar a la nave espacial de transporte en la que viajan las “tropas del espacio” de la novela de Robert Anson Heinlein. De hecho era por la nave estelar TFCT Rodger Young por lo que el nombre me sonaba y no por su hazaña de la que seguramente estarán muy orgullosos en su pueblo de Ohio.

sábado, febrero 07, 2009

ANTES DE LA CREACIÓN

JOSEPH JUSTUS SCALIGER (n. Agen, 1540 – m. Leiden, 1609)

Ahora que parece que hay tanta gente dispuesta a olvidar la historia de la ciencia para volver a las creencias medievales respecto a la "Creación", viene bien repasar la vida de alguno de aquellos eruditos que hicieron posible que el mundo avanzara, y la historia de como se fueron dando de bruces con la Biblia hasta que aprendieron a dejarla de lado. Uno de ellos fue Joseph Justus Scaliger o José Justo Escalígero, como se le llama en ciertos libros españoles, sabio francés que algunos llegan a comparar con Aristóteles y algunas de cuyas ideas, como veremos, hicieron más fácil la vida de los científicos y aún hoy se utilizan.
Joseph Justus Scaliger fue hijo de otro gran erudito de su época, Julius Caesar Scaliger, de quien ejerció de amanuense durante su infancia, aprendiendo de paso latín y la forma de trabajar de los sabios de aquellos años. Estudió griego en la Universidad de París aunque, como las clases tenían un nivel muy alto, acabó aprendiéndolo de manera autodidacta, lo mismo que luego el hebreo y el árabe. Entre 1563 y 1570 viajó por Italia y Gran Bretaña como acompañante de otro joven de familia noble. Durante esos viajes se hizo protestante. Luego estudió leyes en Valence y tuvo que huir a Suiza por la persecución que vivieron los hugonotes en Francia, enseñando filosofía en Ginebra durante un tiempo. Volvió a Francia en 1574 y se dedicó a publicar ediciones comentadas de los clásicos, interesándose después por la historia, en la que introduciría el método crítico que no acabaría triunfando hasta mucho después de su muerte. Scaliger pensaba que la historia antigua no era solo la de los romanos y los griegos, sino también la de egipcios, persas y babilonios, y que no se podía seguir enseñando la historia de los hebreos como un hecho aparte de todas las demás.
De su interés por la cronología y la astronomía surgió la obra Opus de Emendatione Tempore (1583), en la que ideó un sistema cronológico que aún hoy es útil para los astrónomos, el llamado día juliano (por su padre Julius Caesar Scaliger). Hasta entonces los diversos calendarios utilizados hacían muy difícil calcular los días transcurridos desde uno concreto, dato muy relevante a la hora de observar los astros. Scaliger buscó un punto de partida en un día en que coincidieran los ciclos lunar, solar y el utilizado en Roma para la recaudación de impuestos. Con ello calculó su punto de partida el 24 de enero de 4.183 Antes de Cristo según el calendario juliano. Así, el día de hoy por ejemplo sería el día juliano 2.454.870 (no tiene mucho mérito, hay páginas en internet que lo calculan para cualquier fecha). Posteriormente se adaptaría su cuenta a la hora de Greenwich y con pocas adaptaciones más aún funciona.
En 1593 se trasladó a la Universidad de Leiden en los Países Bajos, donde pasó el resto de su vida. Allí pudo dedicarse a tiempo completo al estudio de las matemáticas, la filosofía, la historia y prácticamente todo el saber de su época. Durante sus últimos años siguió publicando ediciones de los clásicos, y en 1606 se editó la que sería su obra cumbre, el Thesaurus Temporum en el que, entre otras cosas, se recuperaba a través de un resumen bizantino la lista de los reyes egipcios de Manetón. Basándose en ella, Scaliger calculó el inicio de la primera dinastía egipcia en el año 5.285 antes de Cristo. Lamentablemente para él, y basándose en la Biblia como posteriormente harían otros como James Ussher, Scaliger había dado previamente una fecha para la creación del mundo en el año 3.949 antes de Cristo, por lo que tuvo que inventarse un período mítico o “proléptico”de tiempo transcurrido curiosamente antes de la Creación (¿tiempo antes de que se creara el tiempo?) para evitar chocar con las Sagradas Escrituras.
Evidentemente aquello no convenció demasiado a los demás estudiosos de su época, algunos de los cuales interpretaron que los egipcios habían inventado un pasado mítico para hacer creer que su pueblo era más antiguo que el judío, que “evidentemente” era el más antiguo según la Biblia. Otros redujeron las fechas de Manetón para que coincidiera con las de las Escrituras. La controversia duró algunos siglos e incluso uno de los mayores pensadores de la historia, Isaac Newton, opinó en su día que la lista de Manetón era errónea puesto que iba contra la Biblia.
Pese a sus esfuerzos para conciliar lo que extraía de sus lecturas con la “cronología oficial” basada en la Biblia, hubo quien debió pensar que sus enseñanzas eran muy peligrosas para la religión, y los últimos años de su vida los pasó en medio de ataques lanzados por sus enemigos, encabezados por los jesuitas que se dedicaron a publicar todo tipo de calumnias sobre él, muriendo en enero de 1609.

lunes, febrero 02, 2009

MATAR A HITLER


MAURICE BAVAUD (n. Neuchatel, 1916 – m. Berlín, 1941)

Matar a Hitler está de moda. Es curioso y hasta preocupante como influye la maquinaria de Hollywood en los estímulos que recibimos a través de los medios de comunicación. El otro día, mientras asistía a la presentación del libro de un amigo en una librería de Madrid, el librero me comentaba que de un tiempo a esta parte los libros sobre complots para matar a Hitler se vendían como churros, cosa bastante curiosa en un país en el que, hablando de libros, casi nada se vende como churros. Empieza a entenderse por otra parte cuando la prensa hace noticias de primera plana de declaraciones del actor de moda (que para mí está cada día más p’allá, qué quieren que les diga) en las que afirma que creció deseando matar a Hitler. Bueno, algunos crecimos deseando matar al Dr. Infierno, que es más natural cuando se crece, creo yo. En fin, de la moda me queda al menos haber descubierto en esa misma tienda un libro, “Matar a Hitler” de Roger Moorhouse, catálogo de todos los que intentaron matar al dictador de verdad, cuando estaba vivo (unos 40 según Moorhouse). Y del libro un par de personajes a destacar, para mí más impresionantes que los Von Stauffenberg y compañía, como son Georg Elser, al que ya le dediqué una entrada en su día, y el estudiante de teología Maurice Bavaud, del que hablaré hoy.
Maurice Bavaud nació en la localidad suiza de Neuchatel en el seno de una familia católica de clase media. Aunque aprendió el oficio de dibujante, a los 19 años decidió ser misionero, y para ello ingresó en la École Saint-Ilan Langueux, un seminario francés situado en Bretaña. Allí se hizo miembro de un grupo de estudiantes, la Compagnie du Mystère, en el que se discutía la turbulenta actualidad europea de los años treinta, y que estaba liderado por un individuo muy peculiar llamado Marcel Gerbohay. Gerbohay tenía antecedentes de esquizofrenia, y en sus delirios afirmaba ser descendiente de los últimos zares rusos, por lo que era un fanático anticomunista. Para Bavaud sin embargo el peligro que se cernía sobre Europa lo representaban mejor los nazis, de modo que en el verano de 1938 dejó la escuela y decidió viajar a Alemania para matar a Hitler.
Primero fue a Baden-Baden, donde esperaba que un primo suyo, jerarca nazi, le introdujera en el partido. Sin embargo su primo lo recibió con desconfianza e incluso le denunció a la Gestapo, de manera que Bavaud no tuvo más remedio que seguir por su cuenta hacía Basilea, donde compró una pequeña pistola, y finalmente a Berlín.
En Berlín se enteró de que Hitler estaría los días 8 y 9 de noviembre en Munich, donde todos los años se celebraba el golpe de estado de 1923 (la misma celebración que aprovecharía Elser al año siguiente) con un gran desfile, de manera que el 31 de octubre cogió un tren hacia Baviera. En Munich consiguió sin muchos problemas una acreditación de prensa que le permitió situarse en una tribuna desde la que tenía una buena visión de la comitiva. Sin embargo, la multitud puesta en pie al paso del dictador le impidió llevar a cabo su plan de disparar, así como la idea que también había barajado de saltar desde la tribuna y acercarse al coche para matar al tirano.
El fracaso no desanimó al suizo, al día siguiente falsificó una carta de un ex primer ministro francés y viajó a Berchtesgaden con la idea de pedir una audiencia con Hitler. Sin embargo allí le informaron de que el Führer seguía en Munich, con lo que tuvo que dar media vuelta. Otra vez en la ciudad bávara, Bavaud falsificó otra carta, esta vez de un líder nacionalista francés, y se dirigió con ella a la sede del partido nazi. Sin embargo, allí le explicaron que era imposible darle audiencia, le pidieron que dejara allí la carta o la echase al correo y le despidieron sin contemplaciones.
Al final, sin dinero y cansado de intentarlo, Bavaud cogió otro tren sin billete para volver a casa y la fatalidad quiso que fuera detenido por un revisor y entregado a la policía. La policía lo detuvo por posesión ilícita de un arma y descubrió en su equipaje las dos cartas de presentación, por lo que, sospechando algo raro, lo entregaron a la Gestapo.
Bajo tortura, acabó confesando sus planes de asesinar a Hitler para salvar a su país y a la religión católica. Fue condenado por el Tribunal Popular de Berlín en diciembre, y guillotinado en la prisión berlinesa de Plötzensee el 14 de mayo de 1941.
Maurice Bavaud que, comparado con Elser, me parece más un pobre chapucero idealista que otra cosa, tuvo que esperar hasta noviembre del año pasado para ser rehabilitado en su país, que en su día se negó a defenderle frente a Alemania e incluso impidió que fuera canjeado por un espía a petición de los alemanes. El gobierno suizo lo consideró un loco, aunque su familia luchó desde el principio por limpiar su nombre. En 1955 un tribunal de la antigua RFA conmutó la pena de muerte pero volvió a condenarle a 10 años por intento de asesinato; Hitler sería lo que fuera, pero no dejaba de ser una persona a la que habían intentado matar, según el tribunal. En 1956 la familia ganó la apelación y se les concedieron 40.000 francos suizos en reparación, pero tuvieron que pasar 70 años para que el presidente suizo Pascal Couchepin reconociera que su compatriota había sido un héroe.
Como en el caso de Elser, las preguntas que uno se hace son: ¿resulta lícito el asesinato en un caso como éste? ¿Puede un individuo arrogarse el poder de decidir quien es un peligro para la humanidad?¿Cuál es el límite entre el loco y el héroe?
En su época ni a la Iglesia Católica, que firmó un concordato con los nazis en 1933, ni a Suiza, que se pasó la guerra mirando para otro lado, les pareció que hubiese que parar los pies a Hitler, aunque quizás fuera uno de los tiranos más evidentes que han pisado la faz de la tierra. En resumidas cuentas algunos actos debe juzgarlos la historia que pone a cada uno en su sitio, aunque a veces sea dolorosamente lenta.

viernes, marzo 14, 2008

HISTORIA DE UN TRICICLO


DUSAN POPOV (n. Titel, 1912-m. Opio, 1981)

Dusan Popov, más conocido por Tricycle entre los espías británicos, es un personaje prácticamente desconocido para el común de los mortales. Sin embargo sus andanzas dieron lugar a uno de los personajes de ficción más queridos en todo el mundo, nada menos que James Bond, el archifamoso 007.
Popov nació en el seno de una adinerada familia serbia, lo que le permitió estudiar en Francia y Alemania. Abogado y hombre de negocios de éxito, había sido contactado por uno de sus compañeros de universidad para unirse al servicio secreto alemán, el Abwehr del almirante Canaris, en sus últimos años de estudios en el país germano.
En diciembre de 1940, ante la inminencia de la entrada en guerra de su país, Popov comunicó en Belgrado sus contactos con el servicio secreto alemán al MI6 británico, que inmediatamente lo reclutó como agente doble. Ese mismo año se fue a vivir a Londres usando sus negocios como tapadera, y empezó a reclutar una red de agentes que en teoría trabajaban para los alemanes pero, en realidad, eran “alimentados” con información por los servicios de inteligencia británicos. En 1941 Popov viajó dos veces a Lisboa para establecer contacto con Johann Jebsen, su reclutador par el Abwehr, cuyo nombre en clave era Artist.
En agosto de ese mismo año la confianza de los alemanes en él era tan plena que le encargaron crear una nueva red en los Estados Unidos, y le enviaron un cuestionario con la información esencial que debía conseguir. En él se hacía especial énfasis en los avances en la teoría atómica de los norteamericanos y la base naval de Pearl Harbor. En sus memorias, Popov dice que J. Edgar Hoover, jefe del FBI, no informó sobre el interés de los alemanes en la base de las islas Hawai, y eso les costó ser pillados por sorpresa en diciembre de ese mismo año. Los americanos, por otra parte, afirman que el informe sí que llegó a la armada americana la que además sabía de sobra que Pearl Harbor era un objetivo de primera línea en caso de guerra con Japón.
Sea como fuere, el desencuentro con los americanos se produjo desde el primer momento. Parece que al pacato de Hoover le repugnaba la vida de playboy que llevaba Popov, primero en Inglaterra y luego en los Estados Unidos, donde se daba la gran vida en compañía de alguna que otra actriz de Hollywood como Simone Simon e incluso estuvo a punto de ser deportado acusado de trata de blancas por viajar con una mujer en trámites de divorcio entre dos estados, lo que parece que en aquella época era delito. Se dice que el mismo nombre en clave, Tricycle, le venía de que gustaba de acostarse con dos mujeres a la vez, aunque parece más verosímil que fuera porque se sentía muy orgulloso de la cantidad de información obtenida por él mismo y sus dos principales agentes: Gelatine y Balloon. Además, los americanos querían que Popov desenmascarase a otros espías alemanes en su territorio. Los nazis le habían mandado a crear una red, de manera que no conocía a ninguno. Al final los británicos consiguieron que sus aliados permitieran alimentar a la red de Popov con información sobre convoyes navales de mala gana. En octubre contactó en Río de Janeiro con el Abwehr, obtuvo dinero e instrucciones y volvió a los Estados Unidos al siguiente mes. Allí su vida disipada le hizo quedarse sin blanca en poco tiempo. En Inglaterra había presumido de no querer dinero del MI6 dado que, decía, trabajaba para los británicos por amistad hacia su país. En realidad lo que no decía es que no le hacía falta porque cobraba de los alemanes. Sin embargo la mala calidad de las informaciones que le suministraban los americanos hizo que los alemanes cada vez confiasen menos en él y el dinero empezó a escasear, de manera que cuando los británicos al final le hicieron regresar en agosto de 1942 le debía más de 3.000 dólares al FBI.
De vuelta en Gran Bretaña, Popov había dejado de ser una buena fuente para los alemanes. En octubre viajó a Lisboa donde se reunió una vez más con Artist.
No sería rehabilitado hasta mayo de 1943, cuando los británicos empezaron a hacer que transmitiera cantidades ingentes de información en el contexto de la operación Cockade, encaminada a hacer creer a los alemanes que estaban a punto de invadir Europa por Noruega y el Canal de la Mancha para fijar la mayor cantidad posible de tropas en el frente occidental y descargar de ellas a los soviéticos.
En julio se reunió de nuevo con Artist en Lisboa. En el ínterin Artist había decidido pasarse a los aliados y entre Popov y él crearon una presunta red de huída para oficiales yugoslavos que querían pasarse a los alemanes a través de Suiza. En realidad los espías que formaban la nueva red trabajaban también para el MI6, entre ellos el marqués Frano de Bona, que sería conocido como Freak y junto al español Juan Pujol, Garbo, iba a ser uno de los principales artífices del triunfo de la operación Overlord.
A partir de febrero de 1944 tanto Freak como Tricycle y el resto de la red empezaron a trabajar en la operación Fortitude, que trataba de hacer creer a los alemanes que la invasión de Francia vendría por el Paso de Calais.
El 28 de abril sucedió algo que pudo acabar con los planes aliados de invadir Europa ese año. Artist fue secuestrado en Lisboa por los nazis y llevado al campo de concentración de Oranienburg, donde moriría. El problema era que Artist controlaba en teoría tanto a Tricycle como a Garbo y era consciente de que ambos trabajaban para el MI6, de manera que todo el entramado estaba en peligro. Los británicos decidieron hacer que Tricycle dejara de informar por un tiempo. Lo cierto es que los alemanes habían secuestrado a Artist porque sospechaban de él por ciertas operaciones irregulares con moneda falsa que había realizado, pero después de la guerra se supo que en realidad lo que temían es que denunciara a Garbo y Tricycle a los ingleses.
Lo curioso es que los alemanes no desconfiaron de sus redes en Inglaterra ni aún después de que la invasión se produjera por Normandía y no por el Paso de Calais. La Administración de la información falsa y verdadera que se daba al enemigo a través de Tricycle, Garbo y otros había sido tan buena que los alemanes siguieron creyendo en ellos hasta el final, e incluso llegaron a condecorar a Juan Pujol. De hecho, superado el susto de la detención de Artist, Popov volvió a enviarles sus informes hasta el fin de la contienda.
Tras la guerra, Dusan Popov continuó su vida de playboy y bon vivant hasta su muerte en 1981 en su casa próxima a Cannes. Antes de eso vería hacerse mundialmente famoso al personaje que Ian Fleming, otro agente del MI6 que Popov conoció en Lisboa durante la guerra, crearía a partir de sus aventuras y de su peculiar manera de ver la vida. En particular Fleming quedó obsesionado por la forma en la que había visto a Popov desplumar a todos los agentes alemanes cierto día en el casino de Estoril. Tanto, que no paró hasta conseguir fondos del servicio secreto para repetir la hazaña. No lo logró. En 1981, poco antes de morir, Popov declaró a un periodista italiano: “Dudo que un James Bond de carne y hueso hubiese logrado sobrevivir más de 48 horas como agente del espionaje”.

jueves, enero 31, 2008

¿QUIÉN DIJO AQUELLO DE... ?


DANIEL JOSEPH DALY (n. Glen Cove, 1873-m. Glendale, 1937)

Existen algunos personajes que han pasado a la historia por una frase y, en alguno de ellos, como por ejemplo el que nos ocupa hoy, al final la frase ha acabado haciendo olvidar al personaje mismo, al que se cita nebulosamente como “cierto sargento de marines de la primera guerra mundial” en el mejor de los casos.
Daniel Daly nació en Glen Cove (New York) en noviembre de 1873. Durante los primeros años de su vida ejerció los más diversos oficios, desde repartidor de periódicos hasta boxeador, antes de alistarse en los marines en enero de 1899 con la idea de participar en la guerra de Cuba. Como la contienda acabó antes de terminar su entrenamiento, Daly no recibiría su bautismo de fuego hasta un año después y en la otra punta del mundo, en China, durante la rebelión de los bóxers. Daly era uno de los marines que, con un puñado de militares de otras nacionalidades, defendieron el barrio de las legaciones diplomáticas de Pekín durante casi tres meses frente al ataque de los fanáticos chinos. La noche del 12 de junio de 1900 se le ordenó defender en solitario una posición de la llamada muralla tártara mientras el resto de sus compañeros reforzaban las defensas del lugar. Al amanecer Daly estaba rodeado por los cuerpos de unos 200 chinos, a los que había matado sin ninguna ayuda. Algunos (pocos) gracias a su certera puntería, y el resto a culatazos cuando se le acabó la munición. Por esta acción recibió la Medalla de Honor del Congreso, la máxima condecoración a la que puede aspirar un militar norteamericano.
Tras la liberación de Pekín, Daly participó en la ocupación norteamericana de Veracruz en 1914 y, siendo ya sargento, en la de Haití en 1915. El 24 de octubre de ese año, Daly y un grupo de otros 35 marines fue emboscado por más de 400 cacos (guerrilleros haitianos) mientras cruzaban un río. Aunque pudieron hacerse fuertes, la unidad perdió el mulo que transportaba la ametralladora y durante la noche el jefe de la unidad ordenó recuperarla. Daly se ofreció voluntario inmediatamente, recuperó el arma en una descubierta y gracias a ello lograron mantener a raya a los cacos hasta el amanecer. Posteriormente los marines organizaron un ataque por varios puntos con el que lograron aniquilar al enemigo y Daly recibió su segunda Medalla de Honor. Solo otros 19 americanos han logrado dos de estas condecoraciones a lo largo de la historia, de modo que Daly ya era una celebridad cuando le enviaron a Europa en noviembre de 1917.
Con su nariz de boxeador y su mandíbula cuadrada, el menudo suboficial podría haber sido perfectamente el prototipo de sargento mayor de la caballería en las películas de John Ford. A Francia llegó con fama de hombre duro y estricto pero al que le preocupaba por encima de todo el bienestar de sus hombres. Se dice que se le intentó ascender a oficial varias veces, prefiriendo él, sin embargo, seguir siendo un simple sargento.
En el peligroso frente occidental Daly siguió haciendo de las suyas y fue condecorado varias veces: por apagar poniendo en peligro su vida un depósito de municiones en llamas, por capturar él solo un puesto de ametralladoras alemán, cogiendo 13 prisioneros, armado unicamente con un Colt 45 y granadas; y por varias acciones más en las que fue herido tres veces y que le consiguieron el respeto de sus compañeros y superiores.
Con todo, si hoy escribo sobre su vida fue por algo que sucedió en la batalla del bosque de Belleau, en junio de 1918. Superados en número y bombardeados por los alemanes en una pésima posición, Daly decidió no obstante pasar al ataque, saltó de la trinchera con su Colt en la mano y gritó ¡Vamos, hijos de puta! ¿Acaso queréis vivir para siempre?
La frase que, en teoría, describe muy bien el espíritu de los marines (en realidad el de cualquier unidad de élite de cualquier ejército) la he leído innumerables veces, y ni en la mitad de ellas se cita al protagonista de la acción por su nombre. De todas formas parece que ni siquiera fue original, se dice que ya Federico el Grande de Prusia les gritó algo parecido a sus hombres en el siglo XVIII. Tampoco es que Daly se sintiera muy orgulloso de su frase posteriormente, en cierta ocasión dijo a un periodista que lo que de verdad había gritado era: ¡Por el amor de Dios, adelante! ¿Es que queréis vivir para siempre? Para que luego digan que la corrección política es cosa de nuestros tiempos.
Después de la guerra, Dan Daly permaneció durante algún tiempo en Alemania con las fuerzas de ocupación y luego en diversas bases y barcos hasta que se retiró como sargento mayor en 1929. Posteriormente trabajó como guardia jurado en un banco hasta su muerte en 1937.
Con su lista interminable de condecoraciones, Daly pasó a la historia del Cuerpo de Marines como uno de sus miembros más respetados, incluso dio nombre a un destructor de la Armada, el USS Daly que combatió en la segunda guerra mundial

viernes, octubre 19, 2007

LA YEGUA DE MAJDANEK


HERMINE BRAUNSTAINER (n. Viena, 1919-m. Bochum, 1999)

Hace unas semanas aparecieron en la red unas fotografías que mostraban a guardianes de los campos de exterminio nazis en su tiempo libre. El mensaje de aquellos documentos parecía ser que los más horribles crímenes habían sido cometidos por gente corriente, como cualquiera de nosotros. Personalmente, las fotos de esas alegres muchachas sonriendo y jugando mientras uno de sus camaradas toca el acordeón me recordaron otra fotografía que había visto hace años. La foto, que encabeza esta entrada del blog, mostraba a Hermine Braunsteiner, más conocida entre las reclusas del campo de exterminio de Majdanek como “la yegua”, porque solía ensañarse, a veces mortalmente, con ellas a patadas. Para la gente de Queens (Nueva York), donde residió en los años sesenta, había sido la señora Ryan, esa vecina perfecta que te cuida a tus hijos cuando tienes que salir una noche, y que recibe a los nuevos residentes del barrio con una tarta de manzana y una sonrisa.
Hermine Braunsteiner nació en Viena en 1919 en el seno de una rígida familia católica. Aunque su sueño era ser enfermera parece que no dio la talla, y acabó trabajando de sirvienta y posteriormente en la fábrica de aviones Heinkel, donde se afilió al partido nazi. En 1939 comenzó su carrera como guardiana en la prisión de Ravensbrück, cerca de Berlín, donde enseguida sobresalió por su crueldad y sadismo. En octubre de 1942 la trasladaron al campo de Majdanek, en Polonia, por diferencias con sus jefas. En Majdanek tardó poco en ascender, y pasó a ocuparse de las selecciones de prisioneros para las cámaras de gas. En 1964 varias supervivientes del campo relataban a Simon Wiesenthal como había matado de un tiro entre los ojos a un niño que su padre pretendía ocultar, o como parecía disfrutar especialmente con los latigazos que propinaba a las reclusas en el rostro. Su “afición” por las palizas a patadas no hizo sino incrementarse, y las presas sabían que ser seleccionadas para vivir por el médico del campo no significaba nada, porque era la yegua la que solía decir la última palabra. Wiesenthal dice que durante el Holocausto la mayoría de los guardianes eran gente corriente que, abrumados por lo que les había tocado vivir, simplemente se dejaban llevar. Braunsteiner no pertenecía a esa mayoría, era de los que disfrutaban con el trabajo que les había proporcionado el nuevo orden nazi.
En 1944, cuando Majdanek fue evacuado ante la llegada del Ejército Rojo, Braunsteiner volvió a Ravensbrück, de donde escapó en 1945 cuando estaban a punto de entrar los rusos. En 1946 fue encarcelada por los aliados, que la liberaron al año siguiente. En 1948 fue el nuevo estado austriaco el que la condenó por los crímenes cometidos en Ravensbrück. Apenas estuvo un año en la cárcel. En 1949 fue amnistiada por el gobierno y parece que los crímenes cometidos en Polonia no fueron nunca tenidos en cuenta hasta ese momento.
Desde su liberación trabajó en el mundo de la hostelería hasta que se casó en 1959 con Russell Ryan, un electricista americano con el que se fue a vivir primero a Halifax (Canadá) y finalmente a Nueva York. La nueva señora Ryan consiguió la nacionalidad norteamericana en 1963.
Y probablemente en Nueva York habría vivido feliz hasta el fin de sus días de no ser por una conversación casual que Simón Wiesenthal tuvo con varias supervivientes de Majdanek que le hablaron de la yegua en Tel Aviv en enero de 1964. Wiesenthal consiguió localizarla en poco tiempo gracias a un colaborador, y ese mismo año informaba al servicio americano de inmigración de que Baraunsteiner había mentido en sus antecedentes para la naturalización. A sabiendas de que deportar a una ciudadana americana sería cuando menos difícil, Wiesenthal informó también a la prensa que inmediatamente se interesó por el caso. En julio Joseph Lelyveld, un joven reportero del New York Times, fue a visitarla a su casa en Queens y escribió un artículo que dio a conocer el caso a la opinión pública. Pese a todo a Braunsteiner no le fue retirada la nacionalidad hasta 1971, tras años de lucha en la que tuvo la inestimable ayuda de sus vecinos, incapaces de creer las acusaciones, que declararon a su favor, así como de varios grupos neonazis americanos que organizaron una campaña de recogida de fondos mediante publicaciones como la revista Liberty Bell; fondos que sirvieron luego para pagar la defensa y mantener a la familia durante el juicio.
Una vez retirada la nacionalidad tanto Polonia como la República Federal de Alemania pidieron su extradición. Asustada por lo que le podría pasar al otro lado del telón de acero, Braunsteiner accedió a ser juzgada por los alemanes. Fue extraditada en 1973 y el juicio duró desde 1975 hasta 1981, en parte por la cantidad de testigos (se juzgaba colectivamente a varios guardianes de Majdanek) y en parte por las tácticas dilatorias de la defensa que llegó a recusar a todo el tribunal.
El 30 de mayo de 1981 fue sentenciada a cadena perpetua. Permaneció en la cárcel hasta 1996, cuando fue liberada por razones de salud. Sufría una diabetes severa que se había complicado, por lo que le tuvieron que amputar una pierna. Hasta su muerte en 1999 vivió en Bochum, cerca de Dortmund, con su marido que la había esperado en Alemania todo lo que duró su encarcelamiento y gracias a las ayudas de los neonazis americanos y de organizaciones de socorro a los criminales nazis como la Stille Hilfe que dirigía la hija de Himmler.