JUSTICIA, NO VENGANZA

Lo primero que he hecho esta mañana al encender el ordenador ha sido enterarme de la muerte de Simón Wiesenthal, el cazador de nazis; personaje al que he hecho alusión varias veces en esta misma bitácora. Wiesenthal es un personaje que conocí hace años a través de las páginas de su libro "Justicia, no venganza"(Ediciones B), y fue uno de los que despertaron mi interés por el Holocausto. Su novelesca vida es más que merecedora de una reseña aquí; con él probablemente acaba una historia que el mismo Wiesenthal había reconocido que estaba practicamente concluída cuando decidió retirarse en 2003, la de la caza de los criminales de guerra nazis.
Wiesenthal nació en lo que hoy es Ucrania en 1908. Perdió a su padre en la Primera Guerra Mundial y vivió una temporada en Viena y luego en Praga, donde estudió arquitectura. En 1936 se casó con Cyla Mueller y abrió un estudio de arquitectura en Lvov que se vió obligado a cerrar en 1939 al ser dividida Polonia entre Alemania y la URSS. Durante la ocupación soviética trabajó en una fábrica y parece que varios de sus familiares políticos fueron asesinados por los rusos. En 1941 los alemanes sustituyeron a los rusos y a punto estuvo de ser ejecutado por guardias ucranianos, aunque se salvó por mediación de un antiguo empleado de su estudio. Finalmente fue deportado con su mujer al campo de Janowska y de ahí a los trabajos de construcción de una vía ferrea donde no recibió mal trato aunque, según cuenta, estuvo a punto de ser ejecutado otra vez, siendo salvado en el último momento por sus jefes alemanes. En el ferrocarril entró en contacto con los partisanos, a quienes vendió información a cambio de papeles para su mujer quien consiguió huir gracias a no parecer judía. En 1943 consiguió escapar con ayuda de sus jefes alemanes. En sus memorias dice que el hecho de haber sido salvado en dos ocasiones de morir por sus presuntos enemigos le hizo rechazar posteriormente la idea de culpa colectiva en relación con el pueblo alemán o cualquier otro. Poco después volvió a ser capturado y enviado a Janowska en 1944. De allí lo sacaron los guardias de las SS junto a otros muchos a quienes utilizaban como excusa para no acabar en el frente y, tras deambular por Ucrania, Alemania y Austria durante un tiempo, acabó en el campo de Mathausen, donde fue liberado por los americanos medio muerto (pesaba 45 kg) en mayo del 45. Entre 1945 y 1947 colaboró con los americanos, trabajando para la sección de crímenes de guerra del ejército, pero también para el OSS y el CIC. Además formó parte del comité central judío de la zona americana de Austria. Mientras tanto había conseguido encontrar a su mujer(89 miembros de ambas familias, incluyendo la madre de Wiesenthal murieron en el Holocausto), y en 1946 tuvieron una hija.
En 1947 dejó de colaborar con los americanos y abrió el centro judío de documentación histórica de Linz en el que, con un puñado de voluntarios, trataría de seguir con el trabajo que había venido haciendo para los americanos, la búsqueda de testimonios e información sobre criminales de guerra nazis. El mismo Wiesenthal dice que haber sobrevivido milagrosamente donde tantos sucumbieron le impulsó a dedicar su vida a ello. Sin embargo, en 1954 se vio obligado a cerrar el centro ante la falta de interés de los aliados por el tema. Empezaba la guerra fría, y era difícil obtener ayuda de unos gobiernos que veían ahora a los criminales nazis de otra manera.
En 1960, su participación la búsqueda que terminó el secuestro, juicio y posterior ejecución de Adolf Eichmann, uno de los principales artífices de la Solución Final, por los israelíes le volvió a dar la celebridad y los ánimos para reabrir el centro de documentación, esta vez en Viena. Desde entonces los éxitos se sucedieron, consiguiendo la captura por las autoridades de criminales como el comandante de Treblinka, Franz Stangl, o la localización en 1963 de Karl Silberbauer, el oficial de la Gestapo de detuvo a Anna Frank, cuya historia era puesta en duda por aquel entonces por los revisionistas.
En su centro de documentación Wiesenthal recibía a diario miles de cartas con testimonios o datos sobre crímenes de guerra, aunque también ayudó a reunir familias separadas en la guerra y a buscar a multitud de desaparecidos. En 1967 aparecieron sus memorias "Los asesinos están entre nosotros" que fue convertida en película para la TV. Para entonces ya era mundialmente reconocido, y su fama le llevó incluso a aparecer como personaje cinematográfico en dos largometrajes de ficción relacionados con la caza de criminales nazis: "Odessa" (1974), y "Los niños del Brasil" (1978). Su trabajo le llevó a partir de entonces a acumular galardones como la Legión de Honor francesa o la Medalla de Honor del Congreso americana. Además participó en la creación del Centro Simon Wiesenthal de Los Angeles así como en el llamado Museo de la Tolerancia de la misma ciudad americana, encargados de mostrar el holocausto a las futuras generaciones mediante iniciativas como el documental "Genocidio" (1981) y de ser una especie de guardianes frente a los rebrotes del nazismo y el antisemitismo.
Evidentemente con una labor como la que se impuso Wiesenthal uno se hace muchos enemigos, y la figura de Wiesenthal quedará para la historia como polémica gracias a ellos. En los años 70 fue famoso su encontronazo con el primer ministro de Austria Bruno Kreisky tras acusar a varios miembros de su gabinete de ser antiguos nazis. Kreinsky llegó a decir que Wiesenthal había trabajado para la Gestapo en la guerra. Los años 70-80 vieron el rebrote de los movimientos neonazis y el nazimiento del revisionismo histórico sobre el holocausto. Naturalmente Wiesenthal fue pronto marcado como un enemigo y acusado de dar caza a ancianos inocentes, en 1982 su casa de Viena fue atacada con un artefacto explosivo. Los ucranianos, por último, mantuvieron siempre una gran antipatía por él, puesto que siempre dijo que los auxiliares de esta nacionalidad que utilizaban los alemanes eran peores que los mismos nazis, lo que le valió miles de cartas airadas procedentes de su tierra natal cuando esta se hizo independiente. Pero además, el cazador de nazis sufrió ataques por parte de los de su propio bando: así Issel Harel, el agente del Mossad que lideró la operación Eichmann, negó en unas declaraciones que Wiesenthal hubiese participado en la operación y Eli Rosenbaum, investigador que buscaba nazis para el gobierno americano y el congreso mundial judío, le acusó de ser un incompetente que solo sobresalía por su afán de protagonismo. Además desde Israel se alzaron algunas voces en los 70 que lo acusaban de enriquecerse con el Holocausto.
Pese a todo ello, de lo que no cabe duda es de que fue gracias a la terquedad de Wiesenthal y a su incesante trabajo de zapa en medios de comunicación y juzgados que la caza de nazis permaneció abierta durante tantos años. Incluso llegó a impulsar leyes que evitaban la prescripción de estos crímenes desde su centro en Viena. En 2003 murió su mujer. Por aquel entonces Wiesenthal ya se había retirado y opinaba que su trabajo estaba concluído.